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NATALIA AVENDAÑO Y LO SIMBÓLICO DE LA JOYERÍA

NATALIA AVENDAÑO Y LO SIMBÓLICO DE LA JOYERÍA

Publicado el 04 de Marzo de 2019 en Entrevistas


Desde Punta Arenas, una de las ciudades más australes de Chile, Natalia Avendaño nos muestra su trabajo y nos habla sobre inspiraciones, joyería contemporánea y sus propósitos para este 2019.

Por: Andes Joya

A sus 29 años, Natalia Avendaño divide su estancia entre Santiago de Chile y la patagónica ciudad de Punta Arenas, de donde es oriunda. Y eso no es lo único en lo que se divide. Su tiempo busca realizar el equilibrio perfecto entre la joyería y su proyecto de atelier, el que llama Cinnamor. “Con Cinnamor tengo dos líneas de trabajo. Por un lado, me dedico a realizar joyas a pedido pero con diseños propios. Por lo general, los clientes solicitan trabajos y yo elaboro el diseño y su presupuesto. Contra toda apariencia, esta forma de trabajo puede ser muy interesante, pues muchas veces los clientes demandan diseños más o menos complejos pero con presupuestos específicos; eso obliga, en cierto modo, a desarrollar cierta clase de creatividad, porque debo pensar muy bien los materiales, los diseños y las técnicas que puedo o no emplear en una pieza”, nos comenta Natalia, quien además añade que “por otro lado, con Cinnamor también tengo una línea más libre que funciona en base a colecciones. Cada colección propone un tema o asunto específico, a partir del cual elaboro piezas que rememoren o aludan ese asunto”.

  

Natalia comenzó a estudiar Joyería en 2011, asistiendo a distintos talleres y cursos en la capital chilena, Santiago, destacando su presencia en diversas escuelas de joyería, como PAATCHA, el Instituto peruano de Joyería y Arte, la Escuela de Artes Aplicadas, la Escuela de Joyería Pamela de la Fuente, entre otras.

Desde ahí en adelante el trabajo de Natalia ha sido destacado tanto por sus pares como por sus clientes. Aunque en realidad, descubrió la joyería por casualidad, cuando ingresó a estudiar Artes Escénicas y se dio cuenta que tenía más interés por áreas de trabajo prácticas, donde pudiera desarrollar habilidades manuales y estéticas. “Un día vi en internet una publicidad sobre cursos de Joyería y decidí asistir” –asegura Natalia-, “fue una decisión bien espontánea, para ser sincera, aunque a veces pienso que el recuerdo del taller de un pariente que fue rétrafe tuvo algo que ver. En cualquier caso, desde entonces no he dejado de dedicarme al oficio y a mi taller”.

  

  • En tu declaración de intereses de Andes Joya, comentas que en tu trabajo, “el metal y el fuego construyen el soporte material de formas lúdicas y divertidas, que aspiran a capturar y, sobretodo, reavivar imaginarios tradicionalmente ajenos a este lenguaje estético”. ¿A qué te refieres específicamente?

Con eso me refiero a dos cosas bien concretas. Por un lado, que mi trabajo siempre busca rescatar la tramas, texturas y formas que el fuego produce sobre el metal. El fuego siempre me ha parecido una especie de pincel que va descubriendo y construyendo motivos y patrones estéticos que antes no estaban presentes. También intento rescatar, preservar o poner en evidencia cierta brutalidad que dejan el paso de las herramientas sobre el metal; me refiero, por ejemplo, al óxido natural, las soldaduras, los pliegues o contornos, y a todos los elementos que no visten a la joya de “brillo espejo”, porque confieren cierta actitud y sinceridad a la pieza, por así decirlo. Por otro lado, con la idea de “reavivar imaginarios” me refería a lo que dije anteriormente sobre la joya y su capacidad rememorativa. Todos sabemos que las joyas son vistas tradicionalmente como “adornos”, es decir, una especie de aditivo que sirve para remodelar, configurar y hasta cierto punto controlar nuestra apariencia. Sin embargo, hoy en día muchas personas comprenden los adornos de una manera más discursiva y estética. Se puede ver, por ejemplo, que las personas usan el vestuario, los tatuajes, los peinados e incluso el modo de caminar como símbolos de aquello que buscan o quieren ser. En este sentido, las personas se han vuelto extremadamente simbólicas y el cuidado de lo simbólico, a su vez, se ha vuelto cada vez más delicado y meticuloso. Yo pienso que, en este contexto, la joyería también se resignifica: en vez de ser una práctica vetusta o carente de sentido, la joyería abre un espacio -tanto en el cuerpo como en la galería- para la expresión de imaginarios complejos. Y como la joya tiene siempre el estatuto del “detalle” o del “gesto”, creo que ella juega estéticamente como una especie de alusión o rememoración, cercana a la idea de alegoría, por ejemplo, pero una alegoría contemporánea y más urbana, que se despliega en el conjunto al que pertenece, ya sea en el cuerpo o ya en una colección.

  

Asegurando que no es “mucho de inspiración”, pero que no puede trabajar sin música, “de preferencia rock argentino”, Natalia comenta que se concentra en los recursos con los que cuenta y las técnicas que desea emplear. “En ese sentido, soy bien pragmática, porque me gusta construir piezas atendiendo a los detalles técnicos y las serendipias estéticas, por así decirlo, que van apareciendo”, nos dice. Especifica que no se pone a crear piezas “sin un diseño o una idea más o menos clara de lo que quiero realizar”.

Destacando el trabajo de joyeras y joyeros como Felieke van der Leest –de quien asegura es su “favorita”-, Anja Berg, Simbionte Joyas, Haxan Orfebrería y Jill.Herland, “quien trabaja en Nueva York y opera desde la crudeza de los materiales y su transmutación estética mediante las técnicas y el diseño”, Natalia comenta que por lo general le “gustan las artistas que asumen riesgos estéticos y que buscan diseños astutos, que logran revelar mucho a partir de gestos simples, por así decirlo, porque me invitan a producir piezas que sean novedosas o astutas por su ejecución”.

 

  • ¿Qué opinión tienes sobre la escena de la Joyería Contemporánea en Chile?

Creo que la escena de la Joyería Contemporánea en Chile varía de modo regional, como ocurre con otras disciplinas artísticas (pienso, principalmente, en pintura, escultura y otras artes aplicadas). En este sentido, me parece que aún hacen falta trabajos de documentación e interpretación que logren descubrir si hay o no “escenas”. Después de todo, la noción de “escena”, así como la noción de “estilo”, es siempre materia de historiadores del arte, críticos, curadores, etc. Personalmente, a veces pienso que es más fácil encontrar retazos o atisbos, cuando no incluso múltiples escenas y discursos dando vuelta. Esa es la impresión que al menos yo he tenido al ver el trabajo de otros joyeros y joyeras. Por otro lado, me parece evidente que en Santiago se ha desarrollado de modo más programado la Joyería Contemporánea, ya que hay escuelas, asociaciones y agrupaciones que se ocupan de actualizar, por decirlo así, los discursos y las prácticas de la joyería. Al respecto, valoro mucho el trabajo que se realiza en Santiago y me gustaría que, con el tiempo, este trabajo genere nuevos espacios de creación, exposición, difusión e investigación para la joyería artística local.

 

Durante este 2019 Natalia Avendaño tiene varios objetivos. El primero de ellos es realizar un Fondart de especialización en Grabado y Engaste para Joyería, el cual se adjudicó a fines de 2018. El segundo objetivo es desarrollar una colección de piezas en base a fragmentos y ruinas de cerámica; para luego, a fin de año, poder realizar una exposición de estas piezas en Punta Arenas. “Con esta exposición quiero mostrar, además del resultado, el proceso de creación, por lo que trabajaré con un artista sonoro y un audiovisualista para recrear o visualizar –por así decirlo- los elementos estéticos que construyen la ‘escena del taller’”, asegura. Y es que no quiere dejar nada fuera, ya que al mostrarse siempre el resultado final en las exhibiciones, Natalia quiere entregar la importancia que se merece el proceso de creación en el taller, por eso nos dice que piensa “que muchos elementos del taller influyen en los resultados finales, como el ruido de las herramientas, del metal fundiéndose y del fuego. Y sobre todo los pequeños e inesperados resultados en el proceso de trabajo, ya sea una textura, una coloración, una forma que apareció de repente, etc. Me gustaría que las personas tengan la ocasión de contemplar las piezas desde ese punto de vista, porque el proceso siempre me ha parecido una parte fundamental para observar y valorar estéticamente las joyas”.

Y esos nos solo son los únicos objetivos que la joyera chilena tiene para este 2019. La idea de poder postular a más proyectos para consolidar su emprendimiento, la tiene alerta, ya que está con todo el ánimo e impulso para que su atelier siga creciendo. “El mundo de la joyería artística en Chile es muy incipiente y, por eso, demanda ocuparse de varios aspectos extra-artísticos, que tienen que ver con construcción de espacios, redes de difusión, proyectos de financiamiento, etc. En este sentido, yo diría que mi última meta de 2019 es ganar pericia en ese ámbito también” finaliza.


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