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VERÓNICA VILDÓSOLA Y UNA VIDA INSPIRADA EN LA JOYERÍA

VERÓNICA VILDÓSOLA Y UNA VIDA INSPIRADA EN LA JOYERÍA

Publicado el 11 de Marzo de 2019 en Entrevistas


Desde Santiago de Chile, la joyera busca que cada persona que adquiere una de sus piezas sienta las emociones con las que ella las realiza, porque para esta abogada la joyería es un oficio que ha marcado su vida. Aquí entendemos por qué.

Por: Andes Joya

“Me siento agradecida de la vida al tener la posibilidad de hacer volar mi imaginación y poseer este regalo incorporado para concretar físicamente lo que ella quiere manifestar”, nos dice la joyera Verónica Vildósola. Y es que sus joyas son un fiel reflejo de lo que imagina en su mente y concreta con el trabajo que hace con sus manos, a través de este oficio en el que, según ella, se encuentra en “continua exploración y evolución, siempre adquiriendo más y más información para aplicar diferentes técnicas”.

Licenciada en Ciencias Jurídicas y abogada en Chile desde el 2007, jurando como abogado en 2012 en España luego de convalidar la carrera en ese país y obtener allí una maestría en Derecho Español para Juristas Extranjeros de la Universidad de Salamanca; pareciera que el camino de Verónica no estaba cerca de lo artístico. Pero la realidad es totalmente la contraria.

 

Desde pequeña tuvo la inquietud de aprender joyería y asegura que sus memorias de infancia están “llenas de momentos en los que ya veía la materia prima y el proceso finalizado de joyería”. Y desde ahí en adelante transcurre la historia: a los seis años tuvo la primera “peya de oro” en las manos, “aún siento el peso de ella sobre mis pequeñas manos, el color, la emoción casi inefable. Me enseñaron de donde sale el metal y al ver ‘el trapiche’ en acción bajo el sol, en pleno desierto de Atacama, fue un instante que quedó grabado a fuego en mí y despertó algo en mi ADN”, asegura, comentando que a modo de anécdota, recuerda que al cursar el ramo de Derecho Minero en la universidad, la profesora le preguntó si sabía que su apellido es minero, a lo que ella respondió que sí. “Ella leía muy seguido en los registros del Conservador de Minas el nombre de uno de mis ancestros directos. Aunque de esa época, no me tocó más que escuchar el recuerdo”.

Luego, a los 8 años más o menos, su madre Roxana le enseñó sobre el color y el brillo de los diamantes, lo cual, hizo que me enamorara del destello y pureza de los brillantes. Y las motivaciones siguen. Destaca que una de ellas es el amor, sobretodo el de su abuelo materno, un aviador enamorado de su mujer y su familia, “ahorraba todo el año para mandar a hacer sus diseños de joyas a su orfebre, buscando sacar una sonrisa en el rostro de mi abuela”, nos cuenta. “Tener el acceso a joyas italianas de diseño clásico a temprana edad, es algo que me impresionó siendo tan solo una de niña, el tamaño de las piedras, y la forma de la estructura de engaste, una belleza”, añade.

Pero fue en 2008 que aprendió este oficio en la escuela de FCubo, en Santiago de Chile, con el profesor Claudio Berrios; allí desarrolló la técnica en metal, plata y oro. Y luego en 2010-2011, estudió Especialista en Joyería (diseño, engaste y joyería) en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas de Oviedo, en la Universidad de Oviedo, ubicada en la región de Asturias, en el norte de España.

  

Al realizar sus joyas Verónica se inspira en “todo lo que puedo captar con mis sentidos: la naturaleza, las formas y estructuras y, por supuesto, el color, todo lo que refleja y despierta curiosidad en mí”. Aunque de momento se encuentra con su taller paralizado “por razones de espacio”, se está adecuando al retorno a Chile, luego de una temporada viviendo en el extranjero, vida nómade característica desde que Verónica era pequeña.

Esa vida nómade que ha tenido desde la infancia ha hecho que obtenga un bagaje cultural que la acompañe hasta estos días. Y también le ha ayudado a conocer personas y estar más cerca de su familia, de diversas maneras, sientiendo el amor que hay entre ella. Por eso nos dice que “el ver y sentir el amor de las personas de mi familia trasmitido y reflejado a través de la materialidad de las joyas, otorgando a estas, las joyas, un significado trascendente para mí”.

Por ahora trata de equilibrar todas las cosas a las que se dedica, pero en lo que respecta a la orfebrería, “sólo he estado diseñando e incubando ideas para luego materializarlas”.

Materializarlas a través de diferentes técnicas y materiales como nos cuenta en su declaración de intereses de Andes Joya, donde comenta que sus piezas y diseños “evocan la experimentación en la búsqueda propia de la composición de los metales y piedras preciosas, semipreciosas, como también otros materiales orgánicos, como la piel de animales, huesos y otros materiales inorgánicos”.

Sin duda el trabajo joyero de Verónica Vildósola tiene mucho por desarrollarse este 2019, ya que espera “tener el taller funcionando en condiciones y materializar los diseños en los que estoy trabajando, lo que me produce mucha emoción”.


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