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SOLEDAD BOREL: JOYAS CON INSPIRACIÓN VIAJERA

SOLEDAD BOREL: JOYAS CON INSPIRACIÓN VIAJERA

Publicado el 18 de Mayo de 2018 en Entrevistas


Desde Costa Rica, Soledad Borel realiza joyas inspiradas en la naturaleza, en los graffitis y en el camino que ha transitado durante su vida. En entrevista con Andes Joya, aquí nos cuenta sobre su trabajo y cómo llegó a dedicarse a la orfebrería.

Por: Andes Joya

Chile es el país de nacimiento de esta joyera que hoy lleva 40 años viviendo en Costa Rica. Pero África fue el continente que hizo que Soledad Borel se relacionara y encantara con la orfebrería, siendo Etiopía su primera parada y desde donde comenta que le “fascinó el arte y la joyería que tenían, los ámbares y las cosas de plata antiguas que podías comprar y que con ellas hacían cosas tan increíbles. También el trabajo en bronce y todo. Me quedó ese interés”, afirma sobre sus primeros acercamientos con la joyería, específicamente con los materiales. Después vivió en Nigeria, “donde fue un periodo difícil por la seguridad, pero igual se desarrollaba la parte artística, que es maravillosa, donde hacen las cuentas más maravillosas que te puedas imaginar. Y fue allí que comencé a hacer mis primeros collares”. De eso ya han pasado 20 años. Hasta que retornó a Costa Rica y, en vez de olvidar la orfebrería, se llevó una serie de materiales para continuar con este oficio, que hoy, a sus 70 años, la tiene dedicada a él en un 100%.

Pero la vida viajera de Soledad es así: mientras estudiaba su tercer año de Agronomía en Santiago de Chile, Soledad se casa y se va a Costa Rica, donde estarían una temporada para irse a vivir al país natal de su marido, Suiza.  Luego viajan al continente africano, donde se establecen en Etiopía y luego en Nigeria, para después retornar a Costa Rica, país en el que han hecho el resto de sus vidas.

Esos constantes viajes y visualizaciones de paisajes, realidades, arte, culturas, historias y más; fueron suficientes para quedar en el inconsciente de Soledad, transformándose muchos de ellos en ideas con las que sueña y que luego sus manos transforman en joyería. “A veces sueño con cosas que podría hacer y luego las hago. También me pasa que me inspiro con cosas que transformo en materiales y de la nada se me ocurre qué podría hacer con ella y lo hago”, nos dice Soledad Borel sobre lo que componen sus piezas, tanto en ideas como en materiales. “Por ejemplo, encuentro una chapa de una cerradura y hago joyería. Algo que no es del gusto de toda la gente, pero sí de aquella que aprecia el arte”, asegura.

Pero esta pasión por la joyería también se debe a uno de sus padres, ya que de pequeña, Soledad conoció de cerca el gusto por las joyas. “Mi madre era amante de la joyería, de todo lo que era arte y joyas, y eso le queda a uno. Pero era la época donde se usaba mucho brillante, una joyería costosa, una clásica; hasta que entonces yo empecé a hacer mis collares, que le fascinaron a mi mamá cada vez que le regalaba alguno”, afirma Soledad.

Las joyas de Soledad son de diversos materiales, pero siempre destacan las piedras semi-preciosas y los materiales naturales como la madera, el vidrio añejado por el mar; sin dejar a un lado la utilización de la plata, que es la protagonista de muchas de sus piezas, las cuales ella afirma que son “únicas e irrepetibles”, ya que no realiza una serie de cada joya, “por lo que cada persona que se lleva una joya mía, no la va a encontrar en nadie más”.

   

A pesar de que en África fue donde se insertó en el trabajo joyero, Soledad no perdió la oportunidad de perfeccionarse en su vuelta a Costa Rica. Tomó clases con una orfebre por tres años, pero después se especializa en Estudio Metalo, en San José, la capital de ese país. Pero el diseño y todo lo demás que ella realiza, es de inspiración propia. “Creo que he logrado piezas bonitas, porque a la gente le gusta y le interesa lo que hago, por mis diseños diferentes”, comenta con entusiasmo.

Diseños diferentes que han sido el reflejo de las diversas inspiraciones e ideas que Soledad ha tenido. Así ocurre, por ejemplo, con su última colección lanzada a finales de 2017: Grafiti. Bajo el sello Marca País, de Costa Rica, estas joyas representan parte de la cultura callejera en la que Soledad está inserta desde hace 40 años y donde también incluye el trabajo de su familia, pues es su hijo, quien se ha destacado en la pintura, aquel que le regala una serie propia de grafitis para que Soledad los utilizase en la joyería. “Saqué los elementos y los colores de estos graffities, y los hice sobre cemento. Los dibujos están pintados como grafitis, es decir, con esténcil y aerosol, aplicando luego un tratamiento para que la pintura sea permanente”, comenta Soledad sobre cómo es que trabajó en esta serie. “No es para la gente común, no es una joyería que a todo el mundo le gusta, porque la gente se asusta al escuchar la palabra ‘cemento’ en las joyas; pero logré hacerlo tan fino, que la gente no se da cuenta que es. Logré hacer que no pese”, añade la joyera chilena.

  

La vida que Soledad Borel ha desarrollado en Costa Rica, la han inspirado mucho más que en su última colección y fuera del aspecto urbano. ‘Hojas de Costa Rica’ y 'Orquídeas de Costa Rica' son colecciones que dan cuenta de ello, pues en estas piezas de plata se reflejan las orquídeas y otras flores, además de las diversas hojas que Soledad ve en la abundante vegetación de Costa Rica, asegurando que “me fascina la naturaleza que es tan rica en este país”.

  

Y así como la vegetación y los graffities, las pinturas de un artista y el arte rupestre, también han sido inspiraciones para Soledad, quien desde Costa Rica sigue desarrollando su trabajo y cuyos viajes fueron la fuente para que se desarrollara en este oficio con tanta pasión.

 


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