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CLAUDIA URZÚA: JOYERÍA CON IDENTIDAD

CLAUDIA URZÚA: JOYERÍA CON IDENTIDAD

Publicado el 29 de Abril de 2018 en Entrevistas


Desde Chile el trabajo de esta joyera ha sido arduo y único. 10 años y 10 colecciones que han demostrado un elaborado trabajo en plata, bordado, vidrio y otros materiales que demuestra a través de ‘Fuga’.

Por: Andes Joya

“Mi mamá siempre bordó y tejió, por lo que yo aprendí tan chica que no tengo el recuerdo de cómo pasó. Por otro lado, mi papá tenía una muy surtida caja de herramientas con las que siempre pude jugar y ayudarlo cuando arreglaba cosas. Siento que esas dos influencias fueron súper decisivas”, comenta la joyera chilena Claudia Urzúa, sobre su infancia y la relación que tenía con las herramientas y algunos oficios como tejer y bordar.

Hoy de 37 años y con casi 10 dedicada a la joyería, Claudia se define como una persona “ermitaña y observadora” ya que a lo largo de la vida se ha dado cuenta que siempre “estoy deteniéndome en detalles que la gente no ve”. Detenciones y observaciones que posteriormente plasma en sus piezas presentadas en series, en las cuales intenta interpretar desde su perspectiva y lo que más le llama la atención.

“Trato de hacer que mi joyería hable de esos detalles, de donde encuentro belleza o lo que me llama la atención. Por ejemplo, con el vidrio me encanta que siempre es un tropiezo encontrarse con él y recolectarlo, nunca he salido predeterminada a encontrarlo. Este ‘hallazgo’ siempre es una belleza, estos trozos brillando en el pavimento entremedio del polvo, es belleza”, comenta Claudia, añadiendo que le encanta “que cuando la gente se encuentra con mis piezas y este detalle que he observado, se maravillan y como que también descubren algo. Creo que logro traspasarles un poquito de esa emoción que siento con todo el proceso”.

Pero para Claudia, el camino para llegar a la joyería no estuvo exento de cambios vocacionales. Según nos cuenta, la carrera de Arquitectura fue el punta pie inicial para años en los que recorrería la universidad cambiándose a Ingeniería Comercial, retornar a Arquitectura, para que, finalmente, en 2006 terminara sus estudios en Diseño de Ambientes.

Sin embargo, estas idas y venidas en cursos universitarios, no hizo más que ayudar a que la joyera chilena encontrara la línea adecuada que la llevaría a la joyería, ya que mientras estuvo en Diseño, conoció el oficio en el taller libre de la Corporación Cultural Artistas del Acero en Concepción.

  

“Entre tantos cambios de carrera siempre estuve buscando alguna cosa que me hiciera más sentido… buscaba 'algo' que no lograba definir hasta que un día conversé con un chico que hacía joyas como hobby. Él me mando al taller donde me inicié, y cuando comencé con los primeros ejercicios me di cuenta que era ‘esa’ sensación la que había andado buscando, por lo que decidí terminar la carrera de Diseño y buscar alguna forma de dedicarme a la joyería”, comenta Claudia Urzúa.

Al hablar del taller en que se inició, la joyera se refiere a la Escuela de Artes Aplicadas “Oficios del Fuego”, donde Claudia estudió la carrera de Artífice del Fuego con mención en Joyería. Para llegar hasta allí, tomó la decisión de irse de Concepción e instalarse en Santiago, capital de Chile, ciudad en la que solo estuvo de paso, pues desde 2013 vive en la costa de la comuna de Corral, en la ciudad sureña de Valdivia. “No sabía bien en qué me estaba metiendo, nunca me gustaron las joyas pero el oficio me enamoró. En ese tiempo la Joyería Contemporánea casi no se conocía, menos en región, pero cuando llegué a la escuela se me abrió un mundo que no conocía y que amé”, comenta sobre sus estudios orfebres.

Una vez titulada de la Escuela de Artes Aplicadas “Oficios del Fuego”, en 2009, Claudia trabajó como ayudante y participó de distintos proyectos. Dos años más tarde, en 2011, comenzó su propio proyecto, Fuga, que hoy la tiene dedicada casi al 100% en la joyería y trabajando todos los días en su taller, donde elabora piezas con distintos hilos para hacer bordados sobre el metal y el vidrio que recolecta de la calle, “vidrio que proviene de choques y asaltos”. Su característico bordado lo realiza de alpaca y bronce, “principalmente porque su tonalidad, permiten que el bordado sea el protagonista. En cambio el vidrio, lo monto sobre cobre, bronce y plata porque en cada uno de los metales se mezcla el tinte que tiene y agarra muy distintos colores”, comenta.

  

Fuga, su marca, no lleva ese nombre al azar. “Tiene que ver con varias cosas, principalmente con que cuando partí a Santiago a estudiar más ‘seriamente’ joyería, fue un poco una fuga y un dar vuelta la página de tiempos difíciles que vivimos con mi familia. Fugarme de todo ese pasado para dedicarme a la joyería fue un poco volver a construirme”, asegura Claudia sobre su significado, a lo que añade que por otro lado, “existe el punto de fuga que tiene relación con esa formación inicial del croquis y la geometría; y la Fuga, como construcción musicales la que un mismo elemento o idea se utiliza de distintas formas dentro de la misma composición, para generar una totalidad que de alguna forma es similar a como trabajo mis colecciones”.

Colecciones que de momento son 10, pero que tiene dos más en carpeta esperando a que este año “vean la luz”, como ella dice. “Al inicio de Fuga trabajé tres series de forma paralela. Todas están cruzadas por optimizar procesos y materiales, ya que no tenía mucho dinero para invertir”, recuerda la joyera sobre sus primeras creaciones. “Geos”, “Reciclaje” y “El Atravesa’o”, son los nombres de las tres colecciones a las que se refiere. La primera de ellas estaba construida con alambres de cobre, plata y bronce y “está inspirada por juegos gráficos que hice a partir de ejercicios de geometría sagrada”. En la serie “Reciclaje”, Claudia utilizó materiales que había recolectado durante un tiempo y había guardado, como por ejemplo: lápices de plásticos y tuberías de cobre y aluminio. Y en la última, “El Atravesa’o”, la joyera comenta que “era una pequeña obsesión de composición que tenía mientras hacía mi práctica, cruzar un haz de color en un volumen. Esta la trabajé en cobre y plata, pero lo principal que quería utilizar eran mostacillas (tipo canutillo) que tuve guardadas muchos años, ya que cuando pequeña, solía armar y desarmar distintas tramas con este material”.

Actualmente, mientras trabaja en sus próximas dos series, Claudia Urzúa busca compatibilizar mejor lo comercial con lo experimental, ya que como diseñadora, siempre se planteó el proceso creativo, pero hoy se he dado cuenta que ha migrado lentamente hacia un interés más artístico, “algo que nunca pensé al comienzo”, asegura.

“Mi norte es seguir experimentado con algunas cosas que ya llevo un tiempo trabajando, como el vidrio y el bordado, y profundizar más el uso las pátinas, que hasta el momento lo he tomado muy tímidamente”, finaliza.

 

 


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