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CECILIA MEROÑO Y EL OFICIO DE LA JOYERÍA: “PROVOCA UN SENTIMIENTO DE LIBERTAD ÚNICO”

CECILIA MEROÑO Y EL OFICIO DE LA JOYERÍA: “PROVOCA UN SENTIMIENTO DE LIBERTAD ÚNICO”

Publicado el 15 de Septiembre de 2018 en Entrevistas


En entrevista con Andes Joya, la joyera argentina nos cuenta sobre su trabajo y su pasión por la docencia, que la llevó a estudiar la carrera hace unos 34 años y que hoy la tiene investigando y enseñando joyería.

Por: Andes Joya

Cecilia Meroño, no ha parado de perfeccionarse desde 1984. Artísticamente hablando. Y es que antes de dedicarse al oficio de la joyería, Cecilia estudió para ser Profesora Nacional de Dibujo y Pintura en Buenos Aires, los cuales realizó entre 1984 y 1989. Un esbozo de lo que podríamos entender como el primer acercamiento de Cecilia en el mundo del arte.

Pero de los 52 años que tiene actualmente, son los últimos 17 a los que se ha dedicado a la joyería, cuando en 2001 entró a la Escuela de Diseño de Joyería de María Medici. A partir de ahí, no la hemos dejado de ver en la escena joyera.

Participante de diversas exposiciones en Argentina, entre las que encontramos “Herramientas del deseo” en 2004, llevada a cabo en el Museo de Artes Plásticas Eduardo Sivori, o “Estructurando el espacio” en 2005, en la Central de Arte en Bahía Blanca; Cecilia busca realizar en su trabajo, colecciones sencillas y “de impacto visual que sean simples y concretas, directas y fáciles de leer, de entender y que te acompañen como un objeto de moda”; es decir, una pieza portable para todo quien quiera lucir una de sus joyas.

Sin embargo, detrás de cada pieza, la joyera argentina trabaja con la historia, ya que en el último tiempo se ha dedicado a investigar la historia de la joyería, desde la era del paleolítico hasta nuestros días, poniendo énfasis en las distintas civilizaciones, estilos y periodos artísticos, además de la historia del arte tanto en oriente como en América precolombina. Pero ¿cómo esto podría influenciar su trabajo joyero? Lo hace. Un ejemplo de ello lo vemos en su última colección, África, donde los colores y diseños reflejan un poco de la cultura de este continente.

   

Pero la vocación docente de Cecilia no ha quedado atrás y lo ha sabido complementar muy bien con la joyería. Por eso, desde hace 5 años que se dedica a hacer clases de este oficio, pero no solamente prácticas, sino también teóricas, para que los alumnos entiendan la joyería como un todo y aprendan no solo de los metales y las piedras, también de la historia. Así como lo hace dando clases de Historia de la Joyería en el Taller de Metales de Florencia Gargiulo y también en el Museo Nacional de Artesanías José Hernández.

“Todos mis conocimientos adquiridos en estos años los pongo al servicio de la realización de piezas artesanales, la cerámica, la pasta egipcia, el cincelado, la talla en madera, el modelado de cerámica, realización de cuentas, el modelado de cera, el armado de moldes, el tejido, el cuero, los hilos de metal, la chapa, las mostacillas, la resina, la arcilla polimérica y el telar”, nos comenta Cecilia, añadiendo que “siempre estoy abierta a adquirir nuevos conocimientos que mejoren y complementen las clases”.

  

Y eso no es todo. Porque además participa de clases en conjunto con otras profesoras del Taller de Metales, el cual llaman Taller de Colecciones. “Planteamos una serie de instancias, que se inicia con la inspiración y la búsqueda de formas, materiales, colores y texturas para lograr expresar una idea que sea única y personal”, comenta sobre el curso, donde comenta que no solo ven a todos los joyeros más importantes del siglo XX de joyería tradicional y contemporánea, sino también los movimientos artísticos y sus representantes, “logrando plasmar una idea tomando los elementos plásticos correspondientes para expresarlo”.

Sin duda la docencia es muy importante para esta joyera argentina, quien disfruta de enseñar, pero que se preocupa de que quien aprenda sepa que la joyería no solo se compone del trabajo que se realiza a mano, sino que hay una historia detrás.

   

Pero la idea de tallar piedras, lapidarlas y hacer moldes de piedras talladas; ronda por su cabeza al mismo tiempo que piensa en descubrir más culturas para luego expresarlas en su joyería. “Solo es cuestión de organizarme y disponer de tiempo”, asegura, pues últimamente entre sus joyas, las clases y la presentación de una nueva colección el 20 de octubre en el Desfile Urbano, en Palermo –Buenos Aires-, la tiene de lleno organizando el evento, el cual realiza en conjunto con el Taller de Metales.

Cecilia Meroño tiene mucho que compartir aún. Y no hablamos solamente en el área docente, sino que en la joyería, oficio que –según sus palabras- le “provocan un sentimiento de libertad único” debido a las “posibilidades infinitas de formas, volúmenes, materialidades, colores, texturas y técnicas”.

El metal me deslumbró, su ductilidad, su color y brillo, me enamoraron. Pero por otro lado, el resultado de la joyería es un objeto que se convierte en un pequeño tesoro cargado de significado, y eso lo convierte en un objeto de deseo”, sentencia.


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