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ERIKA LOMBEYDA: “LA JOYERÍA ME ENCONTRÓ A MÍ”

ERIKA LOMBEYDA: “LA JOYERÍA ME ENCONTRÓ A MÍ”

Publicado el 30 de Marzo de 2018 en Entrevistas


Para la joyera ecuatoriana un momento de necesidad se transformó en oportunidad. Hoy está dedicada a la joyería a tiempo completo y destaca que el oficio le “cambió la vida”. En entrevista con Andes Joya, Erika nos habla sobre su trabajo y su pasión por esta actividad.

Por: Andes Joya

A veces las oportunidades llegan cuando uno menos lo espera y el desarrollo de nuevas actividades cuando uno no lo tiene contemplado. Eso es lo que le pasó a Erika Lombeyda, ingeniera agropecuaria que quedó sin trabajo hace 13 años y recorrió Ecuador, su país natal, en búsca de un puesto.

Pero la frase “todo pasa por algo”, no le hizo más sentido a Erika hasta poco tiempo después, cuando se dio cuenta que gracias a esa instancia fue que empezó a realizar bisutería “por necesidad y, al ver que me gustaba, inicié los estudios respectivos y desde ese momento me dedico a tiempo completo a este hermoso oficio”.

Hoy, a sus 40 años, la ahora joyera desarrolla en Quito este oficio y desde sus manos han salido 10 colecciones –que ha presentado en exposiciones privadas-, utilizando la plata como el material pricipal: “me gusta por su nobleza, maleabilidad, su color natural y la elegancia que tiene bajo cualquier forma”, afirma.

 

Y eso no es todo. Porque el abanico de materiales se abre cuando llega a sus manos una pieza antigua, de otro joyero o que ha pasado por generaciones; y las recicla. “Vi a través de amistades o familiares que tenían esta necesidad, tenían joyas que ya no usaban porque ya pasaron de moda o porque no les gustaba, pero a la vez, en algunas ocasiones, esas joyas de cierta manera tenían un significado emocional, pero no sabían qué hacer con ellas. Vi esta oportunidad de dar otra oportunidad a las joyas y a sus dueños, permitirles que puedan usar y llevar ese recuerdo o esa emoción”, comenta Erika.

Pero la joyera ecuatoriana también se ha valido de emociones en sus creaciones, ya que esta actividad le ha generado una satisfacción que va más allá del buen sentir, sino que con un cambio importante. “La joyería me cambio la vida. Me encontré la joyería, o ella me encontró a mí, en un momento muy difícil de mi vida. Me permitió rescatar mi creatividad, mi amor por hacer las cosas con mis manos, por crearlas. Desde ese momento, me enamoré de este oficio”, asegura Erika.

  

Un oficio que la ha llevado a crear colecciones que ella misma llama ‘atemporales’, que no solamente tienen que ver con el cambio de estación en su uso, sino que con los años y las personas. “De esta manera las personas pueden usar las piezas sin importar los años que han pasado o de haber adquirido una de mis joyas, pueden pasar de generación en generación, puede transformarse en un legado”, dice.

‘Flores y Perlas’ y ‘Entretejidos’ se llaman las colecciones que más cariño les guarda. La primera por haberla realizado un día de la madre y la segunda por ser la última y de la cuál hará una especie de continuación: “quiero seguir explorando un poco más ‘Entretejidos’, quiero dejarme llevar por esta colección y ver qué me enseña y hasta dónde puedo desarrollarla”, asegura.

  

Y por eso confía plenamente en que al final es la colección la que le puede abrir las alas y desarrollarla hasta lo que se dé, pues Erika comenta “que las fuentes de inspiración cambian en cada momento” siendo los objetos y las personas, los paisajes naturales y las edificaciones, las excusas perfectas para crear. “Puedes encontrar inspiración en todo”.

Ya con una carrera formada en la joyería y sin planes de dejar de dedicarse por completo a ella, Erika hoy busca desarrollarse con mejores técnicas y más conocimientos en joyería sostenible, para que ayuden al crecimiento de su oficio, un oficio impensado para ella en su momento, pero que terminó –según sus propias palabras- cambiándole la vida.

 

 


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