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JOYERÍA PASCUENSE EN MANOS DE UN MAPUCHE

JOYERÍA PASCUENSE EN MANOS DE UN MAPUCHE

Publicado el 10 de Enero de 2018 en Entrevistas


De raíces mapuches y de alma pascuense, a sus 50 años José Caniullan realiza un minucioso trabajo de joyería en el que busca reflejar la identidad de la enigmática Isla de Pascua.

Por: Andes Joya

Quienes han tenido la posibilidad de ir a Isla de Pascua y han adquirido una joya con simbología característica, no se imaginan quién puede ser el joyero que está detrás de ella. José Caniullan es uno de ellos.

De apellido y padres mapuches, hace 20 años que José vive en la isla más alejada de un continente en el mundo, luego de haberla visitado en un par de ocasiones como motivo de vacaciones, periodos suficientes para darse cuenta que le encantó.

Encanto que busca reflejar a través de las piezas que crea, siendo muchas de ellas realizadas con concha perla y nácar, pero donde el uso de la plata se ha ido convirtiendo en el protagonista de sus últimas creaciones. ¿La razón? Una reciente especialización en 2017 sobre el uso y las técnicas con la plata, hizo que este joyero se aventurara a crear piezas completas de esta materia prima

  

Una capacitación financiada por la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi), fue la que se adjudicó José Caniullan en abril de 2017, la que lo llevó a Santiago entre mayo y junio de ese mismo año, para aprender a utilizar la plata como materia prima, llevándola más allá que su limitado uso como aplicaciones. “Yo ya estaba avanzado con el concha perla, nácar, perla negra, y hacía aplicaciones de plata, pero me faltaba hacer joyas de plata y esta capacitación me permitió expandirme hasta lo que tengo ahora”, comenta José sobre su trabajo y aprendizaje.

Representaciones de tortugas, moais, manutaras, entre otras figuras, son las que José vende como 100% plata, exponiéndolas en una tienda de ropa en la isla, la cual es propiedad de su hermana. Allí, en una vitrina, se visualizan diversas joyas con los variados materiales con los que el orfebre trabaja, siendo ellos solo el comienzo de la extensa oferta que guarda en sus talleres. 

  

Y es que sus talleres no son pequeños. José dispone de tres habitaciones divididas según las herramientas y los materiales con los que trabaja. Una de ellas funciona como bodega, mientras que en otra se encuentra toda la materia prima necesaria para transformarla en joya, salvo la plata, ya que este elemento dispone de un sector especial. “La plata la trabajo en un área aparte porque no se tiene que contaminar. Para ella dispongo de herramientas propias y de un espacio propio, para crear piezas de gran valor”, comenta José, un valor que no solo tiene que ver con el tipo de material que utiliza, sino con la energía laboral que dispone en ella.

  

CAMBIO DE VIDA Y DE OFICIO

Su historia de migración no es la típica que muchos pudieran escuchar de otras personas. José es oriundo de Temuco, ciudad ubicada en el sur de Chile, y se fue a la capital de este país, Santiago, para poder trabajar. Antes de irse a Isla de Pascua, José disfrutaba de su trabajo como administrador en un laboratorio científico, el cual define como “lindo” y recuerda con cariño porque “me valoraban como persona”.

Pero el frenético ritmo de vida de la capital chilena, sumada a la rutina en la que estaba inserta, hizo que José se enfermara de estrés que solo se alivianaron cuando iba de visita a su natal Temuco o estaba de vacaciones en Isla de Pascua. Así que la decisión fue tomada: en 1997 y cuando tenía 30 años, se fue a vivir definitivamente a Isla de Pascua. “Me arriesgué, cerré mis ojos y llegué”, asegura.

Aunque reconoce que al principio no fue fácil acostumbrarse a una vida completamente nueva, pronto se dio cuenta que las habilidades familiares de trabajar con las manos también estaban en sus genes y poco a poco fue incursionando en la orfebrería. “En Isla de Pascua vi mis aptitudes. Cuando llegué yo trabajaba en otras cosas y esto era como un hobbie para mi. Enseguida empecé a crear mis propios diseños y poco a poco aprendí la técnica del pulido y el tallado, todo solo, pero lo logré”, comenta José.

Y no ha sido fácil, porque a pesar de que se podría pensar que la competencia es con sus pares, la verdadera competencia es con los chinos y sus creaciones de bisutería. “Algunos turistas extranjeros vienen, compran un modelo de joya y se lo llevan a los chinos, para que los repliquen. Pero la gente no sabe que el material que compran no es real, es un plástico y poco valorado”, dice José sobre esta práctica.

Aún así este orfebre está contento con su oficio y siempre busca hacer nuevos cambios: “me gusta ser prolijo y cada 6 meses me estoy reinventando y renovando. Hago algunos de los mismos diseños de siempre, pero les cambio un detalle y les mejoro la imagen”.

Hoy José Caniullan sigue trabajando en la isla pero con intensiones de internacionalizar su trabajo, quiere que sus piezas sean más conocidas por los extranjeros que visitan este mágico lugar, para que se reconozca cada vez más la orfebrería chilena, la joyería pascuense y el cuidadoso trabajo que realizan sus manos con cada uno de los materiales que posee.


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