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EXPOSICIÓN: "SENTIDOS CRUZADOS" EN SANTIAGO

EXPOSICIÓN: "SENTIDOS CRUZADOS" EN SANTIAGO

Publicado el 12 de Agosto de 2016 en Artículos


Por: Andes Joya

Galería Mínima nos invita a visitar la exposición Sentidos Cruzados de Cece Carasco. Ubicada en calle Merced 346 esta galería se emplaza en parte del patio de una galería comercial, presentándonos las piezas en un lugar de paso, transformando a todo transeúnte un posible espectador. Su horario de atención es de Lunes a Domingo entre 12:00 y 21:00 en horario continuado. La exposición se encontrará disponible hasta fines de Agosto.

Sentidos Cruzados, es un proyecto de joyería contemporánea que utiliza el lenguaje de la orfebrería para presentar una serie de joyas, ensayos escultóricos e instalaciones. Para esta muestra en Galería Mínima presentamos una selección de joyas y ensayos escultóricos, especialmente pensados para nuestro formato de exposición. Este trabajo de Cece Carrasco, parte desde el 2011 con una serie de ejercicios plásticos cuyo proceder es deconstruir y resignificar objetos, para convertirlos en objetos artísticos.

La artista relata como esta serie nace a partir de la adquisición de algunas máquinas de escribir sobre las cuales aplicó una metodología arqueológica: las desmembró cuidadosamente para clasificar, seleccionar y resignificar cada una de sus piezas. Este procedimiento adquiere especial valor si consideramos el status de la máquina de escribir como un objeto en desuso generalizado, pero que contiene una carga propia, un lenguaje, una historia.

Las máquinas de escribir, inventadas en el siglo XIX, mantuvieron su hegemonía como dispositivo escritural durante casi todo el siglo XX. Siendo la principal herramienta de trabajo de las profesiones relacionadas con la escritura, desde periodistas y escritores hasta oficinista y estudiantes. Los modelos existentes no sólo nos narran la evolución de su diseño sino que nos presentan la tecnología de otra época, es decir la mecánica. Razón por la cual en nuestra era digital, adentrarse en estos cuerpos hechos de metal y plástico, adquiere tintes arqueológicos. La distancia entre estas máquinas y la actual tecnología no solo se relaciona en la esfera de su funcionamiento. Cambiar la mecánica por la tecnología digital, el papel por la pantalla, no es solo un asunto de materialidad. Por ello necesitamos entender este artefacto como un dispositivo en la totalidad del concepto, en otras palabras necesitamos orientarnos hacia la relación del aparato y el humano, y, cómo esta relación funciona como proceso de subjetivación.

La relación existente entre -digamos- el escritor y el aparato va desde una condición corporal, cuerpo a cuerpo con el objeto. Lo condiciona a relacionarse de cierta forma con este. Cada tecleo, la posición del cuerpo, el soporte papel que se condiciona a un formato, el sonido, la técnica de uso, la estructura de la escritura. Estas condiciones, propias de una época son distintas las que se viven hoy en día en la era digital, desde la forma de uso, la capacidad de borrar, copiar, pegar, hasta el soporte que puede no relacionarse nunca con el papel y quedarse para siempre en la pantalla. Por ello las redes de funcionamiento, publicación y uso cambiaron drásticamente. Así mismo la forma de entender al sujeto.

Adentrarse en la máquina de escribir, significa entonces interiorizarse en su red de relaciones, adentrarse en su régimen histórico de enunciación y visibilidad. Entenderla como un objeto capaz de orientar, controlar, asegurar conductas y opiniones involucradas en una red de saber/poder. En todo ello encontramos el papel que jugaba en la producción escritural del siglo XX, es decir, su capacidad para convertirse en la herramienta fundamental, imponiendo un tipo de tipografía, un área de conocimiento específico para su uso, lo que se resumía en una determinada forma de leer, en una determinada forma de recibir, dar y producir conocimientos. Del mismo modo, también encontramos una forma de sentarse, una forma de colocar los dedos, ciertos dolores, ciertas enfermedades, un sonido que acompañaba al sujeto. Esa red de relaciones, la cual convierte a la máquina de escribir en un verdadero dispositivo, es el lugar en el que de alguna manera nosotros acaecemos nostálgicamente.


Si bien, pareciera que este mundo de la máquina de escribir fuese un mundo perdido, no lo está del todo, es demasiado reciente. Posiblemente los niños de hoy no nos entiendan, pero el adulto que alcanzó a vislumbrar este aparato en funcionamiento y que hoy recorre los persas y galerías de antigüedades, mirará con un ojo nostálgico el objeto que le rememora otro tiempo, y que por lo que vemos, se resiste a desaparecer del todo. Incluso siendo puesto en valor por anticuarios y coleccionistas, siendo objeto decorativo de casas y comercios. Es entonces, que la sociedad pareciera haberle dado un nuevo lugar a este objeto, uno estético.

Nuestra artista procede entonces a deconstruir este objeto, que a veces se encuentra olvidado en su obsolescencia y otras veces cuidado como reliquia, y parte por parte comienza a emerger de, tornillos, rodillo, perillas, teclas y engranajes un mundo industrial que nos presenta en sí mismo un lugar otro, un tiempo otro, de creación y esperanza, de anhelos modernos que presentaban un mundo mejor y más fácil, una pieza al servicio del hombre totalmente diseñada para el futuro.

La reflexión plástica que ejerce la artista sobre la máquina de escribir, se centra en sacarla de ese espacio estético y nostálgico, en el cual cayó; ese espacio de distancia con el sujeto, y reflexionar acerca de una nueva mutabilidad hacia su relación constante con el cuerpo. La joya, en su relación armónica o desarmónica con el este, parece ser el lugar de encuentro para el ensayo plástico, esta vez transformando al cuerpo en soporte de escritura, entregándole un nuevo significado al dispositivo escritural y transformándolo en parte de un nuevo lenguaje visual. El cual, a pesar de esta manipulación, no puede abstenerse de toda su historicidad. El delicado trabajo de la artista, no permite que las piezas dejen de hablar de su origen; están puestas en un nuevo contexto, resignificadas, pero no se ha llegado al punto de destruirlas para transformarlas en un otro. Observándolas en detalle y por unidades podemos ver cada una de esas piezas que juntas formaban con anterioridad un todo en la máquina. Pero ahora, en su conjunto, la pieza es una joya; un objeto que en su lenguaje más primitivo se relaciona estrechamente con el cuerpo y sus distintas ritualidades.





Ariel Chamorro



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